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Sobre mí

Jazmín Aradas

Licenciada en Psicología Sanitaria | Número de Colegiada 17505

He querido narrar mi propia experiencia personal, desnudarme y explicar cómo afronté y aprendí de mis vivencias. Pero si solo quieres un resúmen de qué es lo que puedo ofrecerte ve directamente al final.

Si el carácter de los padres es crucial en la personalidad que luego uno desarrolla, el hecho de ser hija de dos exiliados políticos de la dictadura de Uruguay, fue la semilla perfecta para que brotara con el paso del tiempo en mi, un fuerte deseo por comprender la razón de los conflictos y sufrimientos humanos. Y además, un poderoso sentimiento de injusticia frente al mundo. 

Este tema ha sido y es todavía uno de mis grandes temas de aprendizaje de vida: la comprensión de que no existe injusticia, no existe error. Todo es perfecto, aunque por momentos nuestra mente pueda perderse en su profundo sueño y creer que no. 

Nací en Barcelona una verano del año 1984. Cuando tenía 10 años mi madre abandonó la medicina y comenzó a dedicarse a la psicoterapia. Sus cambios internos fueron evidentes desde que comenzó a formarse para ello. 

Y es que en mi casa aunque no faltó amor, los métodos pedagógicos utilizados eran estrictos y violentos. Pero a raíz de formarse para psicoterapeuta, cambió la forma en que mi madre expresaba sus emociones y gestionaba su enfado. Empezó a transformarse notablemente. Comencé a sentirme más escuchada y me hablaba de casos de terapia que me fascinaban. 

Esto abrió en mí un fuerte interés por la psicología y 8 años más tarde realicé la carrera en la Universidad Ramon Llull (FPCEE Blanquerna).

La muerte de mi Padre

Dos años después, un suceso trastocará mi vida, un gran duelo que será el comienzo de un largo proceso de crecimiento interior. Durante días alguien sigue a mi padre y trata de robar su viejo coche. 

Él se opone y pierde la vida. Horas más tarde su coche fue quemado. Las razones de todo esto nunca han quedado claras y el culpable de esta situación nunca fue identificado.

La muerte de mi padre supuso un shock en mi. Ante el mundo trataba de mostrarme bien, mis rutinas seguían activas pero algo en mí había sido quebrado y mi vida transcurría bajo una inercia sin sentido. Siendo un 2 del Eneagrama de la Personalidad, posteriormente comprendí mi gran dificultad para mostrarme vulnerable frente a los demás, pedir ayuda o simplemente compartir la realidad interna desgarradora que estaba viviendo.

Terminé la carrera, ya era Licenciada en Psicología pero seguía comprendiendo lo mismo o menos la conducta humana. Me di cuenta de que en general, la propuesta del sistema educativo de nuestra sociedad era insípida, poco trascendente y no preparaba para la vida sino para matar la esencia: estudiar, esforzarse y trabajar por ser “alguien”. Como si esa secuencia nos garantizase la felicidad, como si la felicidad llegase después del trabajo – casa – dinero. Sabía que la vida podía ser mucho más.

El comienzo de un diálogo y encuentro conmigo misma

Aún estando formada, esa carencia me impedía ejercer profesionalmente, sentía que para poder ayudar a otros necesitaba algo más. ¿Vivir? Así que dediqué un tiempo a viajar, a enamorarme, a equivocarme, a integrar mis vivencias. En ese tiempo aprendí canto, guitarra, dibujo, pintura y cumplí con todo lo que hasta ese momento había postergado. Estaba siguiendo los verdaderos deseos de mi alma. Fue el comienzo de un diálogo y encuentro conmigo misma.

Tras un año viajando vuelvo a España y aterrizo en 2007 vislumbrando la crisis económica. La crisis financiera se anuncia como la nueva injusticia contra la que luchar y que activaba en mi todos los resortes para hacerme sufrir.

Emprendo en un sector diferente

Contábamos con una propiedad grande, donde mi padre tenía su empresa editorial, llena de muebles y enseres, ajados y destrozados por las protestas recibidas por sus empleados cuando cerró. Con estupor, en mi familia vimos cómo la cuota de la hipoteca se hacía inabarcable y comenzaron las amenazas de embargo con la imposibilidad de realizar una dación en pago. Más dosis de aparente injusticia que la existencia me traía como pretendiendo hacerme repetir la lección no aprendida.

Comienzo a dar terapia

Con 25 años comienzo a dar sesiones de psicoterapia en consulta y, paralelamente me embarco junto a quien entonces era mi pareja, en la recuperación y alquiler de habitaciones de la propiedad familiar. En ese mismo año comienzo la Formación en Terapia Gestalt (Institut Gestalt). Esto, junto a mi propio proceso de psicoterapia individual, me abre a descubrir en profundidad mis traumas y limitaciones.

Comienzo a conocer qué es la verdadera fortaleza. Y comprendo que el amor también puede llegar si me acepto como soy.

La rabia interior que sentía, fruto del sentimiento de injusticia, se fue desvaneciendo dando paso a la pura tristeza y al temor. Sentimientos que necesitaban liberarse para poder dar paso más adelante a una felicidad y plenitud mayores de las que nunca antes había experimentado.

Hasta entonces tuve que traspasar mucha oscuridad. La gestión del inmueble me absorbía por completo. No tenía ninguna experiencia en ello, lo cual supuso muchos golpes y desavenencias para orientar la convivencia de más de 10 inquilinos. Hacer frente a la hipoteca era para mí una obligación. Por lealtad a mi madre y por evitar que tuviera nuevos sufrimientos. Pero de éste modo perdía responsabilidad en mi propia vida, dejando demasiado de lado mis deseos y necesidades. No veía otra opción e incluso llegué al extremo de desear mi muerte. Algo que jamás creí que pudiera sucederme a mí y que me costó mucho tiempo poder expresar abiertamente. 

Tras años de terapeuta he comprendido que son muchas las personas que llegan al límite y no lo dicen. De hecho el suicidio es un gran problema silenciado en nuestra sociedad. 

Dada la situación abandoné un tiempo las consultas a pacientes, pues no me sentía capaz de acompañar a nadie. 

Canalicé mi energía en restaurar una parte de la propiedad familiar y convertirlo en un Bar- Restaurante. A priori iba a resultar imposible cumplir la normativa con el exiguo presupuesto que disponía, pero me concentré en dar mi mejor esfuerzo. Y durante tres meses, de día a noche, junto a mi pareja de entonces invertimos todo nuestro talento y dedicación en la reforma. 

Nos motivaba poder superar al fin el bache económico y también el realizar algo por y para nosotros mismos, tomar las riendas de nuestra vida. Fue agotador y a la vez muy estimulante. Nunca he ganado una medalla olímpica, pero esto me parece que debe ser muy parecido. La sensación de demostrarse a uno mismo que es capaz de todo es muy reconfortante. Realmente te animo a que nunca te dejes llevar por los que sin haberlo intentado opinan, desde el miedo y la cobardía, que no se puede.

Un suceso que me cambiará por siempre

Dos años después mi situación había cambiado. Me había separado y llevaba a duras penas el negocio, puesto que el proyecto era aún muy joven y estaba sola. Pero sobretodo por que cada vez era más consciente de que nada tenía que ver con mi vocación.

Siendo un día que tenía libre aproveché para cruzar a la playa frente a mi hogar y negocio en Castelldefels. Era un día de puro verano: el sol fuerte, las olas rompiendo fuerte, la vida latiendo fuerte… Tumbada leía un libro de Michael A. Singer “Alma en libertad” y, de repente, escuché los gritos de una chica desde el agua. Muchos la miramos desde la costa con miedo y estupor, ¡se estaba ahogando! Nadie hacía nada y yo, sin pensarlo, sentí que debía ir en su ayuda.

Las corrientes venían muy fuertes y cuando me quedaban apenas cinco metros para llegar hasta su posición, otras personas consiguieron ayudarla y emprendí el camino de vuelta a la costa. Quizá en ese acto de salvar a alguien la sensación de peligro me abandonó o fue fruto del agotamiento, pero mi camino de vuelta se complicó más de lo esperado. 

Mi capacidad pulmonar había disminuido notablemente, mis músculos estaban agarrotados en brazos y piernas. Miré a mi alrededor y varias personas que habíamos acudido en ayuda de la chica estábamos en la misma situación. Al fondo, en la orilla otros nos miraban sin reaccionar como minutos antes yo miraba a la chica que se ahogaba.

Cuanto más me esforzaba, más me agotaba y orienté mi esfuerzo en tratar de mantenerme a flote, pero el oleaje me impedía descansar para recuperarme. Hasta que mis fuerzas cedieron por completo y mi cabeza se hundió bajo el agua.

El sonido de la playa desapareció, solo sentí un silencio helado y pavoroso, era la muerte frente a mi atravesándome de lado a lado. Todo iba dejar de ser, lo vi claramente y mi alma estalló en un grito de socorro exclamando: “¡No, por favor, quiero vivir! ¡Todavía no he hecho lo que he venido a hacer aquí!”

No puedo racionalizar por qué salió eso de mí, sencillamente todo vino a mi mente en ese momento: el horror, el deseo, todo lo pendiente.

Acto seguido salí a flote, tomé aire y el empujón de otra persona me dio el impulso suficiente para avanzar con más fuerza. Todo transcurrió en segundos. Solo pude ver que fue un chico joven, que debía estar, como yo, tratando de volver a la orilla. Las corrientes eran tan fuertes que pensé que sería insuficiente, pero sentí una tremenda gratitud y admiración por su solidaridad.

En ese momento soprendentemente recuperé algo de fuerzas y comencé a notar el fondo arenoso al estirar las puntas de los dedos de mis pies. A duras penas fui saliendo, con toda la atención en respirar. En ese momento llegaron los socorristas. Me llevaron al puesto de socorro y me comenzaron a medir las constantes vitales.

Miré a mi alrededor buscando al chico para agradecerle lo que había hecho por mi. ¡Me había salvado la vida! Sin su impulso hubiera sido imposible. Pero jamás supe quien era. Vi a dos chicas a mi lado en mi misma situación, nos miramos y nos abrazamos emocionadas. Llorábamos y reíamos al mismo tiempo. !Estábamos vivas!

Renacer

Tras esta nueva oportunidad de la vida, me llené de impulso y seguridad. Si había sido capaz de superar tantos sucesos impensables, también era posible volver a hacer aquello que sentía que «vine a hacer en esta vida»: apoyar en la superación del sufrimiento y la transformación de otras personas.

Cerré el bar con poco más de dos años de existencia pero con una gran sonrisa en el corazón. Al fin y al cabo, lo que realmente disfrutaba de eso era el trato con personas. Tenía 28 años y volvía a enfocarme en mi vocación.

Continué profundizando en mi proceso de psicoterapia individual y también realizando varias formaciones como PNL (programación neurolinguistica) y Arteterapia. Establecer un hábito de meditar me aportó muchísima claridad y en concreto realizar un retiro de silencio de Meditación Vipassana

Comencé a sentir que hacía las paces conmigo misma, con el pasado y con muchas personas. También con quien mató a mi padre. Pude comprenderlo y mirarlo con humanidad, esfumándose el odio que albergaba por él pesándome tanto en mi vida.

Posteriormente comencé la formación en Constelaciones Familiares. Esta supuso un gran apoyo para atravesar el siguiente episodio de mi vida a la hora de reconocer y trabajar las ataduras familiares hasta entonces inconscientes.

Nacimiento de mi hijo y pérdida de mi madre

Entonces a mi madre le detectan un cáncer de ovario en fase terminal. Tras mucha agonía física, muere 8 meses después. Esto coincide con el final de mi embarazo y los primeros meses de vida del bebé.

En ese entonces, ya cuento con más recursos para apoyarme y compartirme en el duelo. Pero sabía que algo no encajaba todavía. Algo en mí, aunque mi vida estaba llena de regalos con mi nueva familia, no estaba siendo capaz de abrazar la vida completamente.

Enteógenos y salto cuántico

Fue cuando llegó la posibilidad de realizar un retiro con enteógenos y psicoterapia.
Previamente había sido muy reacia al consumo de sustancias enteógenas, por más que fueran naturales. Me parecían atajos ineficaces para el camino de sanación interior. 

En mi caso, supuso un «salto cuántico” en mi evolución interior. Fui consciente del mayor obstáculo que hasta ese momento no había sido capaz de ver con claridad: mi ego, mi mente, mi identificación con mi historia, mis heridas y mis creencias. Vi los barrotes de mí cárcel personal que decidían por mí día a día y que todavía no aceptaban la vida tal cual era, llenándome de cargas.

Me di cuenta de que con mis creencias limitantes no me abría a confiar realmente en la vida. Me agarraba a la idea de injusticia, de que yo u otros habían cometido errores imperdonables y de que algunas cosas en mi vida no deberían haber pasado.

Realicé la formación en la Escuela Europea Ayahuasquera, colaborando y posteriormente trabajando en la integración psicológica en Retiros de Evolución Interior con uso de enteógenos.

Actualmente ya son más de diez años dedicándome a acompañar a las personas para que encuentren su particular camino de sanación. Mi trabajo me enriquece constantemente y me demuestra que siempre se puede volver a vivir plenamente cuando soltamos las heridas y conectamos con nuestro potencial.

Doy sesiones de psicoterapia individual a la vez que formo parte de la organización «Tierra de Consciencia», donde facilitamos Retiros, Talleres de Constelaciones Familiares y diferentes eventos orientados al desarrollo de la consciencia. 

Todos somos creadores de nuestras vidas, consciente o inconscientemente. Tenemos la libertad de escoger lo que pensamos y sentimos ante lo que nos sucede. Y con ello de transformar cualquier situación.

Por más hippie que suene, todos estamos buscando paz y amor y podemos encontrarla en nosotros mismos. Mi escepticismo llegó un día en que tuvo que rendirse a la verdad de que mi pequeña mente no puede saberlo todo. Y que los grandes tesoros se encuentran al soltar todo el contenido mental que nos nubla la visión

Te invito a comprobarlo, a zambullirte en ti y con ello a encontrarte contigo mism@.

¿Cómo trabajo?

  • Terapia Gestalt
  • Psicología Transpersonal
  • Psicología complentativa
  • Psicoteriapia Humanista
  • Enteógenos
  • Constelaciones Familiares
  • PNL
  • Arteterapia
  • Técnicas de Meditación y Relajación

Para Quién

"Vas tirando"

Sientes que no estás viviendo plenamente. Tienes la sensación de estar simplemente sobreviviendo.

Vacía tu mochila

Estás cansad@ de sumar técnicas y consejos sobre lo que debes hacer para sanar. Buscas vaciar la mochila, no llenarla con más exigencias y metas a conseguir.

Limitaciones

No encuentras la forma de superar las limitaciones de tu vida y quieres liberarte.

Crisis Vital

Estás pasando por un momento de mucho cambio, confusión y necesitas obtener claridad acerca de lo que te ocurre.

Visión Holística

Buscas una psicoterapia con visión holística, que te permita conectarte con mente, cuerpo, emociones y espiritualidad.

Estancamiento

Has probado todo tipo de terapias y cursos de desarrollo personal y te sientes estancad@ en el mismo punto.

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