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Sacrificarse no es amor.

Hay cierta creencia instalada en nuestra sociedad acerca de que, cuando amas algo o alguien, debes sacrificarte. Esto se aplica a la pareja, la familia, los hijos e incluso al propia vocación. Es como si se nos hubiera sepultado en la mente que cuando amas, debes poner al objeto de tu amor en el primer lugar de tu vida, de lo contrario no es precisamente amor. Es una gran confusión.


No niego que, en un momento puntual amarse conlleve ciertas concesiones, pero cuando eso se convierte en un hábito, entonces te desgastas, se desgasta tu amor. Aquello que tanto amabas ya no lo disfrutas.
Da igual de lo que se trate (relaciones, trabajo o cosas materiales), pero si se toma la actitud de dejarse de lado a uno mismo, no es amor.
Es triste porque muy a menudo sí comienza siéndolo, pero se va aniquilando a la par que te aniquilas a ti mismo. Lo que acaba quedando es pura obligación.


Si te sientes identificad@, realiza un simple gesto: reconoce de quién te llegó esa enseñanza, a quién le estás siendo leal en tu manera de amar. A menudo amamos así porque alguien nos amó de esa manera y no conocemos otra forma. Es hermoso porque, una vez lo ves, empiezas a comprender muchas de tus reacciones en la vida. Y naturalmente se va desactivando esa actitud en tu vida: empiezas a amar de verdad.

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