Ahora te están sucediendo milagros

Algunos creen que los milagros son sucesos sobrenaturales que rara vez ocurren, como la curación espontánea de un cáncer o la transformación radical de alguien. Pero los milagros están presentes en cada instante de la vida. De eso son plenamente conscientes bebés y niños.
Pero llegados a la adultez, muchos dejamos de lado esa hermosa capacidad de asombro que les caracteriza.

Entonces comenzamos a vivir desde «la mente que todo ya conoce», donde todas las cosas cotidianas pasan a darse por sabidas, aunque nunca suceden de la misma manera.

En esa falta de asombro, bloqueamos el acceso a la auténtica sabiduría, que poco tiene que ver con el conocimiento.
Entonces asumimos que nada especial está ocurriendo. Las responsabilidades y las metas a conseguir nos parecen lo realmente importante y la exigencia hacia la vida eclipsan su grandeza.


A pesar de que no nos demos cuenta, nuestra respiración continúa sin necesidad de que la pensemos; nuestro cuerpo funciona en excelente intercambio bioquímico con el entorno; nuestro corazón sigue latiendo a la vez que el de 8000 millones de otras personas en este mundo. Y el planeta Tierra se sigue trasladando alrededor del Sol a 106.000 km por hora.

Si observamos a personas moribundas, muy a menudo vemos que recobran esta capacidad de apreciar la unicidad de cada momento. Pero no es necesario esperar a vernos en una situación así. Tampoco lo es tener que tomar algún tipo droga que atonte o relaje nuestra dura mente para poder dejarnos ir y liberar esa parte que es capaz de apreciar la vida.


Tienes siempre una oportunidad AHORA para sentir la vida en ti y a través de ti. Siente tu cuerpo que te sostiene en este mundo, la respiración, el pulso, permite que tus 5 sentidos perciban la multitud de estímulos que les llegan.
Porque a cada momento están sucediendo grandes milagros en ti y a tu alrededor. Tan solo hace falta que te abras a sentirlos para apreciarlos. Eso es abrir el corazón, eso es estar presente. Eso es vivir en estado despierto.

Jazmín Aradas

¿Casualidades?. No, sucesos llenos de significado.

Decimos «¡Qué casualidad!» cotidianamente. ¿Pero te has dado cuenta de que es la etiqueta que le ponemos a aquello cuya causa desconocemos?. Seguramente no te suena a nuevo lo que te estoy hablando. Es genial que cada vez nos resuena más eso de que «nada ocurre porque sí» o «esto ha ocurrido por algo».

Nos gusta creer en que tenemos algún tipo de poder mágico para atraer o repeler las cosas que nos ocurren en la vida. No quiero entrar en verificar si son poderes o no y tampoco considero que sea necesario buscar las causas de todas las casualidades de nuestra vida. Pero me parece emocionante que algo está cambiando en la consciencia colectiva: empezamos a darnos cuenta de que la palabra casualidad no existe realmente

Hace diez años, cuando hablaba de estas cosas inspirada por libros como “Sincronicidad” de Jung, la mayoria escéptica me miraba como a un perro verde. Pero ¡Qué maravilla!. Ahora cada vez somos más los que dejamos de banalizar las llamadas casualidades. 

En esta nueva consciencia, podemos llegar a sospechar que somos nosotros la causa de esos sucesos sincrónicos. Comienzas a observar las “casualidades” de tu vida y a buscar su posible causalidad y posiblente encuentras una relación muy estrecha con lo que está ocurriendo dentro de ti, en tus pensamientos y emociones. Hasta la misma física cuántica hace años que ha comprobado el ignorado efecto que tiene el pensamiento sobre la materia.

Pero – y también siguiendo los hallazgos de esta rama de la ciencia- también podemos ir más allá. ¿Será que la vida con sus casualidades nos está demostrando algo?. Pareciera que en realidad no hay separación. Como si la existencia estuviera íntimamente fundida e implicada con lo que ocurre dentro nuestro. ¿Será que entonces ya no se trata de que la causa esté en ti o en la vida, que no hay dentro y fuera? ¿Será que en realidad eso de que hay algo que nos separa es solo una creencia?.

Si miramos en retrospectiva, cada uno de los sucesos de nuestra vida fueron necesarios para llegar al punto en el que estamos ahora.

Si alguno hubiera cambiado, este momento ya no sería igual. No importa si lo tachas de agradable o desagradable, malo o bueno. Aun así, estamos hablando de momentos perfectos para llevarte exactamente al momento siguiente que te toca vivir.

Piede sentido juzgarlo como positivo o negativo. Lo más inteligente parece ser confiar, dejarse llevar, aunque todavía no podamos entender hacia dónde nos va a llevar un suceso aparentemente desagradable o inoportuno. Tomando consciencia de esto, absolutamente todos los sucesos de aquí y ahora se vuelven grandes regalos.

¿Te ha ocurrido que has comenzado a encontrar sincronicidades, causas llenas de sentido en alguno de aquellos sucesos que comúnmente llamamos «casualidades»?